lunes, 26 de septiembre de 2016

La Crónica | Bebé salva a Portugal de Portugal


Bebé salva a Portugal de Portugal

La selección lusa tuvo que sufrir, fiel a su historia de vaivenes, hasta el final para conseguir el billete a una semifinal mundialista por segunda vez en su historia (tras la de Guatemala 2000). Azerbaiyán, a pesar de las bajas, le apretó hasta el final y a punto estuvo de provocar un mayor ridículo luso de no ser por una excelsa actuación de Bebé (2-3). Y no es broma.


Uno, acostumbrado a hace juicios de valor con precocidad, intuiría que Portugal tendría un partido plácido de cuartos de final al comprobar la lista de bajas que presentaba Azerbaiyán para el cruce. Huseynli, Vassoura y Fineo, es decir, el arquero titular y dos de los mejores jugadores del combinado, por sanción, junto con la lesión del portero suplente Zamanov, dejaba a Miltinho con pocas posibilidades de sorprender. Aun así, todavía le quedaban cuatro brasileños más para completar el quinteto inicial: Bolinha, Gallo, Eduardo y Poletto. Esto, inevitablemente, obligaría a que jugadores que apenas han participado en el Mundial ocuparan esos puestos, con el consiguiente escepticismo.

Con estos antecedentes, sería un fracaso -mayor que el de Brasil o Italia- que los lusos acabaran por caer derrotados, cuando únicamente contaban con la baja de Pedro Cary, pero con una racha de viento a favor de considerables nudos. De hecho, empezaron con buenas noticias a los ocho minutos gracias a que Djô aprovechó un desbarajuste de Borisov (otro de origen ucraniano) para que, como si fuera una jugada de 5vs4, el pívot superara una mala salida de Kurdov, quien se lanzó al estilo de una estrella de rock y desprotegió el primer palo. Para entonces Azerbaiyán ya había avisado con acciones de Bolinha y Gallo, que detuvo Bebé, y un chaparrón de oportunidades con Poletto o Eduardo de protagonistas.

Azerbaiyán, contra todo pronóstico, mantenía el ritmo del partido y dominaba con lo que le quedaba. Portugal no tenía dependencia de Ricardinho porque el legado del jugador del Movistar Inter en la primera parte fueron dos caños a Eduardo y Poletto. Y poco más de precisión. Es decir, no estaba. Decepcionaba el conjunto de Jorge Braz porque se veía superado ante un rival muy mermado y al que parecía que únicamente le pordía frenar el cansancio. Crecieron entonces los de Miltinho con una transición ofensiva simple y con la cabeza que acabó con Bolinha anotando el empate en el segundo palo. El propio jugador, posteriormente, corrió con zancada poderosa en la que remató de puntera y con mucho peligro.

Kurdov, en la otra orilla, intervino, por vergüenza, en un par de acciones, pero mucho menos de lo previsible ante una candidata al título. Bruno Coelho se animó y disparó en la frontal del área hacia la red exterior. En el córner siguiente, el propio Coelho conectó con João Matos en el corazón de la zona -en teoría- de Kurdov. De cabeza fue el autor del 1-2 en una acción extraña, pues servidor no recordaba un tanto con la testa desde que se sacaba con las manos, hace ya una década. Con sensación agridulce se marcharía Portugal y con la ventaja al descanso. Aunque la moral, eso sí, era azerí.


La segunda parte traería consigo dos versiones distintas de los equipos. Azerbaiyán, mucho más conservadora, parecía reservar fuerzas para llevar el encuentro a los últimos minutos con opciones. Quizá una acción de superioridad le permitiría empatar el encuentro. Portugal, sin demasiadas ideas, recordaba a su versión Eurocopera, miedosa y sin ideas para encontrar portería. En definitiva, nadie pretendía cometer errores. Tampoco aciertos.

Por eso quizá el tanto de Ricardinho llegó entre sendas aguas, en una especie de fallo preciso. João Matos disparó o centró, no está muy claro, pero por allí andaba el mejor jugador del momento para rozar la bola a apenas un metro de la línea de gol. Tampoco está claro si lo hizo con la espinilla, la pantorrilla o la espuela, pero es incontestable que la pelota acabó dentro y que el capitán portugués amplió más aún su repertorio de tantos, el que parece no tener fondo. Por fortuna.

Merece mención, en todo caso, una de las improbabilidades que este Mundial parece tener en cantidades ingentes. El arquero Bebé realizó una magnífica actuación en varias de sus intervenciones, también en la segunda mitad, algo que desorientó hasta a sus compañeros. Nadie está acostumbrado.

A poco menos de nueve minutos, Azerbaiyán optó por el portero-jugador para remontar la desventaja de dos goles. A punto estuvieron de ser tres si en la primera circulación los portugueses hubiesen estado más acertados con la puerta vacía. Tardaron tres minutos en encontrar puerta tras varios intentos fallidos. Eduardo recibió la bola como hombre en la esquina y superó a Bebé con un chut leve que se coló entre las piernas del goleiro. Mantuvo el juego de cinco Miltinho como prueba irrefutable de que quería gastar toda bala de la que disponía.

Los duros disparos de Gallo y Borisov probaron a Bebé, que se mostró, para desesperación azerí, muy seguro. Aun así, mantuvieron oportunidades hasta el final, lo que contribuyó a un espectáculo emocionante en el Coliseo del Pueblo de Cali. No obstante, el marcador no se movería y el arquero benfiquista salvó a su selección de un ridículo considerable. Los de Jorge Braz se clasificaron para su segunda semifinal mundialista (tras la de Guatemala 2000) y se jugará contra Argentina un puesto en la final. Azerbaiyán puso en compromisos a una candidata al título que, sin embargo, presenta grietas en situaciones controladas.

Antonio Pulido
Fotos: FIFA

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